La adolescencia es un momento de transformaciones profundas, marcado por cambios físicos, afectivos y sociales. En esta etapa surgen dudas sobre la identidad, tensiones en las relaciones y malestares que reflejan la dificultad de abandonar posiciones más infantiles y asumir la incertidumbre propia del crecimiento. Los tiempos actuales, con cambios rápidos y exigencias sociales constantes, pueden dificultar aún más este proceso.
La psicoterapia ofrece un espacio seguro para poner en palabras lo que se atraviesa, explorar los afectos que emergen y reflexionar sobre los conflictos internos que se repiten, acompañando la elaboración de aquello que sostiene el malestar.
A lo largo del proceso, se acompaña al adolescente a encontrar un lugar propio desde el cual situarse en la vida, enfrentar la incertidumbre de esta etapa y relacionarse con sus deseos de manera más consciente, respetando su singularidad y sus tiempos.
La frecuencia de las sesiones suele ser semanal al inicio del proceso terapéutico. Con el tiempo, la frecuencia puede variar en función de los cambios que se van experimentando el proceso de terapia.
La medicación no siempre es necesaria. En muchos casos el acompañamiento psicológico es suficiente. Si en algún momento fuera conveniente una valoración médica, se recomendaría acudir a un especialista.
Las sesiones tienen una duración aproximada de 30-45 minutos.
La duración depende de los efectos que se vayan produciendo en el curso del tratamiento. Cada caso es diferente.
La psicoterapia puede acompañar al adolescente cuando emociones, conflictos o confusiones se vuelven difíciles de poner en palabras y afectan la vida cotidiana. Es un espacio para explorar lo que persiste en la vida psíquica, elaborar experiencias difíciles y favorecer un contacto más propio consigo mismo y con los demás durante esta etapa de transformación.